Roberto Santoro

Ahora que estoy lejos. Que la ciudad no es para mí un esponja de aluminio con la que trato de secar mi sudor, veo con cierta melancolía lo caótico de Buenos Aires.

Si bien el Santoro no sólo describe la absurda cadencia de la urbe sino también la situación particular previa al golpe de Estado de los 70, me parece que las cosas que pasan, que siente, son las que yo tenía antes de dejar Buenos Aires.

Acá les dejo algunas poesías de Uno más uno humanidad.

I
cuánta gente que equívoco caca da

que vive en las farmacias inyectándose ingle en la

epidermis

que viaja en los colectivos con un televisor portátil

qué de tardes con los mocasines puestos

y portafolios de sonetos sin poetas

de poetos sin sonetas

y ortafolpios

un vientre se independizó de una mujer y acusa en las

veredas

a las chicas que van a estudiar el piano

los fabricantes de cinturones están desesperados

porque una monja a las cuatro de la mañana descubrió

su sexo

y quiere besar a todo el mundo

un hombre con una bicicleta se subió a una chimenea

y tiene hambre

la puerta del baño trabaja incansablemente

y le han hecho juicio de desalojo a la esperanza

voy a tomar un café.

X

Después de aceptar la coima

El abogado toma el plato de sopa que se llevó adentro de

Un profiláctico

Y la secretaria le canta un cha cha cha en lunfardo

Kafka tenía un diente postizo

Por eso los chicos se asustan del dentista

Voy a visitar al Museo

Aunque no se si podré entrar sin calzoncillos

Mejor me quedo en mi casa leyendo la guía.

Hoy remataron a un amigo

Roberto Juarroz

Desbautizar el mundo,
sacrificar el nombre de las cosas
para ganar su presencia.
El mundo es un llamado desnudo,
una voz y no un nombre,
una voz con su propio eco a cuestas.

Y la palabra del hombre es una parte de esa voz,
no una señal con el dedo,
ni un rótulo de archivo,
ni un perfil de diccionario,
ni una cédula de identidad sonora,
ni un banderín indicativo
de la topografía del abismo.

El oficio de la palabra,
más allá de la pequeña miseria
y la pequeña ternura de designar esto o aquello,
es un acto de amor: crear presencia.

El oficio de la palabra
es la posibilidad de que el mundo diga al mundo,
la posibilidad de que el mundo diga al hombre.

La palabra: ese cuerpo hacia todo.
La palabra: esos ojos abiertos.

Sexta poesía vertical, 1975.

Versión del I King – Borges

El porvenir es tan irrevocable
como el rígido ayer. No hay cosa
que no sea una letra silenciosa
de la eterna escritura indescifrable
cuyo libro es el tiempo. Quien se aleja
de su casa ya ha vuelto. Nuestra vida
es la senda futura y recorrida.
El rigor ha tejido la madeja.
No te arredres. La ergástula es oscura,
La firme trama es de incesante hierro,
pero en algún recodo de tu encierro
puede haber una luz, una hendidura.
El camino es fatal como la flecha.
Pero en las grietas está Dios, que acecha.

Fernando Pessoa

Mi mirada es nítida como un girasol.

Tengo la costumbre de andar por los caminos

mirando a la derecha y a la izquierda

y de vez en cuando mirando para atrás…

Y lo que veo a cada instante

es lo que antes nunca había visto,

y me doy buena cuenta de ello.

Sé sentir el asombro esencial

que tiene un niño si, al nacer,

de veras reparase en que nacía…

Me siento nacido a cada instante

a la eterna novedad del mundo…

 

Creo en el mundo como en una margarita

porque lo veo. Pero no pienso en él,

porque pensar es no comprender…

El mundo no se ha hecho para pensar en él

(pensar es estar enfermo de los ojos),

sino para mirarlo y estar de acuerdo…

 

Yo no tengo filosofía: tengo sentidos…

Si hablo de la Naturaleza no es porque sepa lo que es,

sino porque la amo, y la amo por eso,

porque quien ama nunca sabe lo que ama,

ni sabe por qué ama, ni qué es amar…

 

Amar es la eterna inocencia,

y la única inocencia es no pensar…

 

– POEMAS DE ALBERTO CAEIRO –

Tiempo del hombre – Atahualpa Yupanqui

La partícula cósmica que navega en mi sangre
Es un mundo infinito de fuerzas siderales.
Vino a mí tras un largo camino de milenios
Cuando, tal vez, fui arena para los pies del aire.

Luego fui la madera, raíz desesperada.
Hundida en el silencio de un desierto sin agua.
Luego fui caracol, quién sabe dónde.
Y los mares me dieron la primera palabra.

Después, la forma humana desplegó sobre el mundo
La universal bandera del músculo y la lágrima.
Y brotó la blasfemia sobre la vieja tierra.
Y el azafrán, y el tilo. La copla y la plegaria.

Entonces vine a América para nacer un Hombre.
Y en mí junté la pampa, la selva y la montaña.
Si un abuelo llanero galopó hasta mi cuna,
Otro me dijo historias en su flauta de caña.

Yo no estudio las cosas, ni pretendo entenderlas.
Las reconozco, es cierto, pues ante viví en ellas.
Converso con las hojas en medio de los montes
Y me dan sus mensajes las raíces secretas.

Y así voy por el mundo, sin edad ni Destino.
Al amparo de un cosmos que camina conmigo.
Amo la luz, y el río, y el camino, y la estrella.
Y florezco en guitarras, porque fui la madera.

José María Lorenzo

PUEDEN..? (fragmento)

Pueden cortar

las alas de los pájaros,

————————- pueden;

——————————— pero…                                          ¿pueden separar

————————————————————————– el pájaro del pájaro?

[…]

 

Del libro Quinientos años hace… 1492 – 1992, La Plata, 1995. 1000 ejemplares.

 

 

Fernando Noy

VICEVERSO

 

En la roja alameda pintada por Moreau

toda sombra es un pez

—— emancipado de tus lágrimas

 

Olas del mar ambiguo

que ríe igual al llorar

y así

desde ese vértigo inaudito

—————– al fin

————————— te atrapa

 

Poema del libro Piedra en Flor, 2011.